••Narra Cipriano••
El silencio por fin formó parte de la habitación, pero yo seguía escuchando su voz destrozada en mi cabeza.
Ella estaba con su cabello rojizo revuelto en la almohada, húmedo. Su rostro se encontraba de un tono pálido enfermizo, las mejillas brillaban por las lágrimas. Su pecho desnudo subía y bajaba lentamente, más calmado gracias al relajante.
Tenía fiebre. La había sentido arder bajo mis dedos cuando le toqué el cuello.
Sus labios, entreabiertos, dejaban escapar un susur