El cuerpo me pesaba. Ya no sabía si era por la culpa, la rabia, la cantidad de sentimientos desbordando de mi pecho o mi propia debilidad. La cabeza me dio vueltas. Mis rodillas no fueron suficiente para sostenerme. En el momento en que mi mundo se fue de lado, siendo consciente que me desplomaría por completo, los brazos de Cipriano me rodearon, impidiéndolo.
Una de sus manos fue a mi pecho desnudo, pero no hubo lujuria en sus movimientos. Eran precisos, escuchando los latidos de mi corazón