Mi última consulta fue hace pocos días, cuando lloré a mares frente a ese doctor. Ahora estaba de nuevo aquí, por una consulta de “emergencia”.
No me dolía el vientre ni mucho menos, pero no podíamos ignorar la presión que se ejerció sobre mi vientre cuando me levantó.
Cipriano estaba a mi lado.
No me tocaba, pero su presencia era tan abrumadora como siempre. Desde que habíamos entrado, no había apartado la vista del ecógrafo. Como si el aparato fuera a arrebatarme algo. Como si necesitara