Murió de un disparo en la cabeza, como lo había hecho la hermana de Evangeline. Qué poético. Es el karma.
Primero murió Marcello, después ella y ahora… Giovanni viviría.
—¡Silvia! —Giovanni salió de su escondite. Se arrodilló junto a ella, con las manos temblorosas, intentando detener la sangre que manaba de su cabeza—. ¡No! ¡No, no, no!
No fui capaz de sentir lástima. No por él. No se lo merecía. Él rompió a la mujer que amaba y yo estaba haciendo lo mismo con su asquerosa existencia.
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