Mundo de ficçãoIniciar sessãoDurante cinco años, Lia Rosseti entregó su corazón, su inteligencia y su vida entera para convertir a Elian Santana en uno de los jefes de la mafia más poderosos de Italia. Renunció a su propio apellido, negoció alianzas, ganó territorios y construyó un imperio convencida de que el hombre que amaba haría exactamente lo mismo por ella. La noche antes de la boda descubrió la verdad. Encontró a su prometido en la cama con otra mujer y, lejos de mostrar arrepentimiento, él le confesó que un verdadero jefe de la mafia jamás podía conformarse con una sola amante. Incluso tuvo el descaro de ordenar que aplazara la boda cinco días porque pensaba pasar su despedida de soltero en brazos de su nueva conquista. Con el corazón destrozado, Lia tomó la decisión más peligrosa de su vida. Fue hasta la mansión de Giorgio Bellamonte, el peor enemigo de Elian Santana, y le pidió que se casara con ella al día siguiente. Mientras Elian comprende demasiado tarde que la mujer que despreciaba era el verdadero cerebro de su organización, Giorgio Bellamonte, un hombre tan frío como implacable, empieza a proteger a su nueva esposa con una ferocidad que nadie logra entender. Él nunca habla de amor, nunca promete sentimientos y jamás explica sus decisiones. Simplemente actúa, como si desde mucho antes de aquel matrimonio hubiera sabido exactamente quién era Lia... y hubiera esperado pacientemente el momento de reclamarla. Ahora, con dos de las familias mafiosas más poderosas enfrentadas, una guerra capaz de cambiar el equilibrio del submundo está a punto de comenzar. Porque hay algo mucho más peligroso que traicionar a una mujer... Es arrgojarla a los brazos de tu peor enemigo quien terminará conquistando su corazón.
Ler maisUna noche cálida de primavera, una antigua villa italiana, era convertida en el escenario de una exclusiva subasta clandestina, reunía a algunos de los compradores más influyentes del mercado negro.
Millonarios, coleccionistas y jefes de distintas organizaciones criminales ocupaban sus lugares mientras observaban con discreción a cada nuevo invitado, intentando descubrir quién sería capaz de llevarse las piezas más codiciadas de la noche.
Lia cruzó el salón con la elegancia de una reina. Su vestido color marfil abrazaba delicadamente su figura, el cabello oscuro caía en suaves ondas sobre su espalda y unos discretos pendientes de diamantes resaltaban unos ojos tan serenos como imposibles de interpretar.
No necesitó anunciar su llegada. Bastó con que caminara unos cuantos pasos para que varias conversaciones se apagaran y numerosas miradas se dirigieran hacia ella.
—Señorita Lia... qué gusto volver a verla.
Ella respondió con una sonrisa cordial mientras estrechaba la mano del organizador.
—Gracias por la invitación. Espero que esta noche valga el viaje.
—Cuando usted viene, siempre ocurre algo interesante.
Lia dejó escapar una suave risa antes de aceptar la copa de champagne que un mesero le ofrecía. A simple vista parecía una mujer refinada apasionada por el arte, pero muy pocos conocían la verdad.
Detrás de aquella sonrisa se escondía una estratega brillante que durante años había negociado cargamentos, recuperado piezas robadas y disputado territorios para la organización Santana.
Muchos la consideraban únicamente la prometida de uno de los jefes más influyentes del país, una joven privilegiada que había crecido bajo la sombra de un poderoso mafioso, Matteo Rosseti. Nadie imaginaba que buena parte del crecimiento de la organización Santana llevaba su firma.
Las luces descendieron ligeramente cuando el subastador tomó posición sobre el escenario.
—Damas y caballeros, bienvenidos. Esta noche tenemos el privilegio de presentar piezas imposibles de encontrar en el mercado legal. Obras desaparecidas hace décadas, joyas pertenecientes a antiguas familias europeas y colecciones privadas que jamás volverán a exhibirse en un museo.
Las primeras piezas fueron cambiando de dueño entre ofertas discretas y miradas calculadoras. Lia observaba cada lote con paciencia, sin levantar una sola vez la paleta que tenía entre las manos. Sabía exactamente qué buscaba y también cuánto estaba dispuesta a pagar por ello.
Cuando una pintura renacentista cubierta por una tela negra apareció sobre el escenario, sus ojos brillaron con un interés diferente.
—Señoras y señores —anunció el subastador mientras retiraba lentamente la tela—, les presento "Amantes destinados" una obra atribuida al taller de Tiziano, desaparecida de una colección privada hace más de cincuenta años. La puja inicial será de veinte millones de dólares.
Un murmullo recorrió el salón. Lia apoyó la copa sobre la mesa y levantó discretamente la paleta.
—Veinte millones.
Las ofertas comenzaron a subir con rapidez.
—Veinticinco.
—Treinta.
—Treinta y cinco.
Ella no perdió la calma. Esperó unos segundos antes de elevar nuevamente la paleta.
—Cuarenta millones.
En ese mismo instante otra voz respondió desde unos asientos más allá.
—Cuarenta y cinco.
Lia giró lentamente la cabeza y encontró unos ojos grises observándola con absoluta tranquilidad. Vestido completamente de negro, con un impecable traje italiano hecho a medida y una expresión imposible de descifrar, Giorgio Bellamonte sostenía una copa de whisky mientras apoyaba un brazo sobre el respaldo de su asiento.
Sus hombres permanecían de pie a pocos metros de él sin apartar la vista del resto de los asistentes.
Una ligera sonrisa apareció en los labios de Lia.
—Pensé que ya no llegabas, Bellamonte.
—No acostumbro perderme los espectáculos interesantes y amargarte la noche si es posible.
—Entonces hoy volverás a casa con las manos vacías.
—Eso está por verse.
El subastador carraspeó con evidente nerviosismo al sentir cómo decenas de personas dirigían su atención hacia ambos. No era secreto que Elian Santana y Giorgio Bellamonte se odiaban a muerte y Lia, como prometida de Elian, compartía el mismo odio y desprecio por Giorgio.
—¿Cuarenta y cinco millones? ¿Alguna oferta superior?
Lia volvió a levantar la paleta.
—Cincuenta.
Giorgio ni siquiera pestañeó.
—Cincuenta y cinco.
Ella sostuvo su mirada durante varios segundos antes de responder.
—Sesenta.
El silencio cayó sobre el salón. Incluso el subastador parecía contener la respiración.
Giorgio giró lentamente el whisky dentro del vaso, observando el líquido ámbar antes de volver a mirarla.
—Sesenta y uno.
Lia sonrió con auténtica diversión.
—Setenta millones.
Algunos asistentes comenzaron a comentar entre ellos. Aquella cifra superaba ampliamente el valor estimado de la obra, pero ninguno de los dos parecía interesado en el dinero.
El subastador miró a Giorgio.
—¿Setenta millones una...?
Él permaneció inmóvil durante unos segundos y finalmente dejó la copa sobre la mesa.
—La obra es suya, señorita Lia.
El martillo golpeó la mesa.
—¡Vendida!
Un discreto aplauso recorrió el salón mientras varios asistentes observaban a Lia con una mezcla de admiración y sorpresa. Ella caminó hasta el escenario para firmar los documentos de compra y autorizó que la pintura fuera cuidadosamente embalada.
Uno de los coleccionistas europeos se acercó sonriendo.
—Debo admitir que siento curiosidad. ¿Qué hace que esa pintura valga semejante fortuna?
Lia acarició con delicadeza el marco protegido por los especialistas antes de responder con una dulzura que contrastaba con la dureza de aquel mundo.
—Mañana me caso con el hombre amor de mi vida. Quería que su regalo de bodas fuera único.
El hombre sonrió con cortesía.
—Entonces debo felicitarla. Su futuro esposo es un hombre realmente afortunado.
—Yo soy la afortunada.
Aquellas palabras llegaron con claridad hasta el lugar donde Giorgio permanecía de pie. Durante un breve instante, sus dedos apretaron con fuerza el vaso de cristal, aunque su expresión continuó siendo tan serena como siempre.
Su segundo al mando dio un paso hacia él.
—Don Bellamonte, ¿la seguimos?
Él observó cómo Lia abandonaba lentamente el salón acompañada por sus escoltas, sin apartar la vista de ella hasta que desapareció tras las enormes puertas de la villa.
—No.
—¿La dejamos marchar con esa pintura?
Giorgio dejó escapar una leve sonrisa que jamás alcanzó sus ojos.
—Por hoy sí.
—¿Y mañana?
Él tomó nuevamente su copa y bebió un largo trago antes de responder con una calma inquietante.
—Mañana se casará con un bastardo, ahí podremos recuperar la pintura, ten paciencia.
La primera luz de la mañana se filtró a través de los enormes ventanales de la mansión Bellamonte, bañando con tonos dorados los jardines que rodeaban la propiedad. Lia abrió lentamente los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, intentando recordar dónde estaba. Entonces el anillo que descansaba sobre su dedo anular captó un destello del sol.GiorgioLa realidad volvió a golpearla con toda su fuerza.Se incorporó despacio. Había dormido apenas unas horas y, aun así, la pesada sensación que oprimía su pecho parecía haberse transformado en otra cosa. El dolor seguía allí, pero ya no la paralizaba. Ahora comenzaba a convertirse en determinación.Después de ducharse y vestirse con un elegante pantalón negro y una blusa color marfil, recogió su cabello en una coleta alta y salió de la habitación.Apenas abrió la puerta, un empleado que aguardaba discretamente en el pasillo inclinó la cabeza.—Buenos días, Donna Bellamonte.Lia se detuvo un instante, todavía le resultaba extraño es
La puerta de la habitación se cerró lentamente detrás de Lia, el silencio la envolvió de inmediato.Por primera vez desde que había encontrado a Elian en aquella cama, ya no tenía que sostener ninguna máscara. No había invitados observándola, ni mafiosos esperando una reacción, ni un padre intentando que no se desmoronara.Solo estaba ella, el silencio de su nueva habitación y el peso de cinco años amando ciegamente a un hombre que acababan de traicionarla sin piedad.Sus manos comenzaron a temblar mientras llevaba lentamente los dedos hasta el cierre del vestido de novia. Tardó varios intentos en abrirlo. Cuando finalmente la tela resbaló por su cuerpo y cayó al suelo formando un círculo blanco a sus pies, sintió que una parte de su vida también terminaba allí.Recordó cómo Elian había fingido tan bien lo feliz que le hacía imaginar lo hermosa que se vería con el vestido que había mandado a confeccionar exclusivamente para ella. Suspiró y se dejó caer sobre el borde de la cama, obser
La recepción se celebró en la antigua mansión Bellamonte, una residencia que durante generaciones había pertenecido a la familia y que aquella tarde se encontraba completamente iluminada.Los jardines estaban decorados con miles de flores blancas, las fuentes de mármol reflejaban la luz de enormes candelabros y una orquesta interpretaba piezas clásicas mientras los invitados recorrían el lugar con copas de cristal en las manos.Apenas Lia cruzó el gran salón tomada del brazo de Giorgio, todas las conversaciones se detuvieron por un instante.Los hombres más poderosos de la mafia italiana inclinaron ligeramente la cabeza en señal de respeto.Aquella reverencia no era para una novia, era para la nueva Donna Bellamonte.Durante cinco años muchos la habían tratado únicamente como la prometida de Elian Santana, la mujer inteligente que solucionaba problemas, negociaba contratos y evitaba guerras. Sin embargo, después de que Matteo Rosseti revelara públicamente su identidad, todos comprendi
El grito de Elian continuó resonando entre las paredes de la iglesia incluso después de que Lia terminara de deslizar la alianza hasta el fondo del dedo de Giorgio.El sacerdote contempló la escena durante unos segundos antes de continuar con la ceremonia como si nada hubiera ocurrido.—Por el poder que me ha sido conferido, los declaro marido y mujer.Aquellas palabras fueron suficientes para que el autocontrol de Elian terminara de romperse.—¡¡No!!Comenzó a avanzar con desesperación hacia el altar, pero apenas dio tres pasos, cuatro hombres armados de la familia Rosseti le bloquearon el camino. Elian intentó apartarlos de un empujón.—¡Quítense de mi camino!Ninguno se movió.—¡Lia, mírame! ¡Esto no puede estar pasando!Ella permanecía inmóvil junto a Giorgio. Ni siquiera dio un paso hacia él. Aquella indiferencia resultó mucho más dolorosa que cualquier insulto. Miró a Elian, luego se acercó a Giorgio y dejó un beso en sus labios.Giorgio no se conformó y la tomó de la cintura, p
Último capítulo