••Narra Cipriano••
Volví a la mansión plagada de traidores y con un único propósito. Ya era hora de dar el golpe. Dejé a mi amada mujer en el apartamento, segura, mientras yo me encargaba por fin de sacar la basura de la mansión que creí mi hogar.
La sala de juntas estaba a oscuras cuando entré. Las cortinas, echadas. Las luces, apagadas. Solo la luz de la luna, que se filtraba a través de los ventanales, iluminaba los rostros de los hombres que me esperaban.
Mis capitanes.
Los leales.
Lo