La noche era una bestia negra que devoraba las luces de la ciudad. El viento, frío y cortante, silbaba entre los edificios como un presagio de muerte. Las calles, vacías, parecían haber sido evacuadas para la ocasión. O quizás era solo mi percepción, la adrenalina corriendo por mis venas, el peso de la pistola en mi mano, la certeza de que esta noche todo cambiaría. No había vuelta atrás. No había dudas. Solo la sangre fría que me había mantenido con vida durante todos estos años.
El convoy av