Odiaba tanto que la llamaran "malcriada". Últimamente, ese parecía haberse vuelto su único adjetivo. Tal vez, si las circunstancias fueran distintas, no le molestaría tanto. Pero, ¿cómo esperaban que se comportara con calma cuando la estaban vendiendo?
—Estoy pensando en cuánto detesto que vengás a recogerme al colegio —dijo América sin mirarla, con la vista perdida por la ventana.
“El trayecto de la escuela a casa es corto, pero con Bárbara al lado se me hace eterno”, pensó.
—El sábado te casá