Pasar el día con Gustavo había sido justo lo que América necesitaba. Él tenía esa forma de conversar que la relajaba, que la hacía sentir segura, incluso entre las ruinas de sus emociones. Hablaron durante horas sobre Alemania: costumbres, comidas, paisajes. La idea de vivir sola en una residencia universitaria la emocionaba, pero también la llenaba de temor. Trabajaría en la biblioteca de la Universidad y sabía que estaría bien… pero ¿con quién compartiría sus pensamientos? ¿Quién la escucharí