—¡Mira ese vestido! —chilló Larissa, señalando emocionada uno color beige desde el otro extremo de la tienda.
Salir de compras con Larissa era una experiencia agotadora, más intensa que una resaca mal llevada. América había perdido la cuenta de cuántos vestidos se había probado solo para que su amiga frunciera el ceño en cada uno. Después de un par de horas, rogó un receso. Necesitaba aire, un descanso, algo dulce.
Se refugió en una cafetería junto a Zoe, quien no se quejó cuando América se des