—¿Por qué soy tan débil? ¿Por qué no puedo golpearlo y soltarme de su agarre? —pensaba América con desesperación, mientras Nathan le arrancaba el vaquero y desgarraba su blusa con brutalidad. El sonido de la tela al romperse le cortó el aliento. Su sostén fue lo siguiente en desaparecer. Nathan la tomó por los pechos y comenzó a devorarlos como si le pertenecieran. Ella gimió, sin poder evitarlo, entre la humillación y una excitación que no comprendía.
La alzó sobre el escritorio y, como aquell