—¿Te lastimé? Si quieres, puedo parar —dijo Gustavo con preocupación en la voz.
América negó con la cabeza, mientras unas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
—No... lloro porque durante mucho tiempo anhelé un orgasmo como este. Eres el primer hombre que me regala uno así —susurró, entrelazando su mirada con la de él.
Gustavo la miró con una ternura que le estremeció el pecho. Mientras reanudaba sus movimientos, besó su frente con dulzura.
—Tendrás muchos, América... todos los que desees. Voy