Se sentía bien. América estaba disfrutando lo que hacía; la excitaba intensamente provocar aquellos gemidos en Gustavo. Saber que era ella quien lo llevaba al borde, inflamaba su pecho de orgullo.
—Para, para —dijo él de pronto, tratando de detenerla.
—¿Qué pasa? ¿Hice algo mal?
—No hiciste nada malo —respondió con voz ronca—. Está delicioso, lo haces muy bien... pero casi me haces acabar, y prefiero hacerlo en otro lugar.
La sujetó con firmeza y la levantó. Luego la acostó boca abajo en la cam