El sonido del despertador rompió el silencio de la habitación. América se incorporó de inmediato, sabiendo que aquel día tenía examen de matemáticas. La certeza de que no le iría bien le pesaba en el pecho: no había estudiado, había preferido salir con Jader lo cual sin duda fue pésima decisión.
—¡Dios! —murmuró al verse en el espejo—. Parezco la llorona...
Sus ojos estaban hinchados y rojos, marcas claras de una noche más llorando. Desde la muerte de su madre, las lágrimas se habían convertido