La sala estaba llena de tensión. Anabel se encontraba en el centro, rodeada por los líderes de las familias mafiosas de la región, cada uno con sus propios intereses y agendas. Había convocado esta reunión para establecer su autoridad como nueva jefa, pero no había anticipado la resistencia que enfrentaría.
"¿Qué hace esta niña aquí?" gritó Vincenzo, el jefe de la mafia de Nápoles, un hombre robusto con una mirada feroz. Era conocido por su crueldad y su disposición a eliminar a cualquiera que se interpusiera en su camino. "Stefano estaba loco si pensaba que una cría como tú podría liderar este negocio."
Anabel sintió que su corazón latía con fuerza. "Soy la jefa ahora," dijo, tratando de mantener la voz firme. "Debemos unir fuerzas para mantener el control en este territorio."
"¿Unir fuerzas? ¿Con una inexperta?" continuó Vincenzo, riendo despectivamente. "No tengo por qué rendir cuentas a una niña que no sabe ni cómo manejar un negocio de hombres."
La sala estalló en murmullos y ris