Las luces del hospital cortaron la noche como cuchillas.
El coche se detuvo de golpe frente a urgencias y Francesco bajó antes de que terminara de frenar. Gritó nombres, órdenes, palabras que apenas recordaría después. Todo ocurrió demasiado rápido y, al mismo tiempo, con una lentitud cruel.
—¡Siete meses de embarazo! ¡Dolores intensos! —anunció el médico al verla—. Prepárenla ya.
Anabel apenas era consciente. El dolor la había dejado exhausta, con los ojos vidriosos, aferrada a la mano de Fran