La noticia de la muerte de Stefano llegó como un tsunami, arrasando con todo a su paso. Anabel se encontraba en el hospital, sentada al lado de la cama de su padre, cuando el monitor dejó de sonar. Su corazón se detuvo en ese instante, y el vacío que dejó su ausencia fue abrumador. La realidad de su situación se cernía sobre ella como una sombra oscura, y la vida que había conocido se desmoronaba a su alrededor.
"Papá, no..." murmuró Anabel, sintiendo cómo las lágrimas caían por sus mejillas. "¿Qué voy a hacer ahora?"
Con su padre muerto, Anabel se vio empujada a un mundo que nunca había deseado. La mafia italiana, con toda su complejidad y peligro, ahora era su responsabilidad. Se sentía perdida, atrapada en un laberinto del que no sabía cómo salir. "No tengo idea de cómo manejar esto," pensó, sintiendo que el peso del legado familiar caía sobre sus hombros.
Sin saber a quién acudir, recordó a Giovani, su mejor amigo de la infancia. Desde pequeños, habían compartido risas y secretos, y él siempre había estado al tanto de la oscuridad que rodeaba sus familias. Con el corazón acelerado, decidió llamarlo.
"Giovani, necesito tu ayuda," dijo Anabel, su voz temblando. "Papá ha muerto, y ahora... ahora soy la jefa de la mafia."
"Lo sé, Anabel," respondió Giovani, su tono serio. "Mis padres me informaron. Ellos también están involucrados en este mundo, manejan la mafia de Sicilia y rinden cuentas a tu padre. Ahora que él ha muerto, tenemos que hablar."
Anabel sintió un alivio momentáneo al escuchar la voz familiar de su amigo. "No sé qué hacer. Estoy completamente confundida y asustada. Necesito entender cómo funciona todo esto."
"Voy a viajar a Florencia," dijo Giovani, decidido. "Te ayudaré a manejar el negocio y a entender lo que implica ser la jefa. No estás sola en esto."
Con esa promesa, Anabel sintió que una chispa de esperanza comenzaba a encenderse en su interior. "Gracias, Giovani. Realmente necesito tu apoyo."
Mientras tanto, Leonardo, al enterarse de la muerte de Stefano, comenzó a trazar su propio plan. Había estado esperando esta oportunidad para acercarse a Anabel y consolidar su posición. "Si Anabel está al mando, debo hacer que confíe en mí," pensó, sintiendo que la ambición lo guiaba. "Y luego, podré arrebatarle el poder."
Cuando Giovani llegó a Florencia, Anabel lo recibió con los brazos abiertos, sintiendo que tenía a alguien en quien confiar. "Gracias por venir," dijo, abrazándolo con fuerza. "No sé cómo enfrentar esto sin ti."
"Vamos a trabajar juntos," respondió Giovani, su mirada decidida. "Primero, necesitamos entender la estructura del negocio. Tu padre dejó algunos contactos y documentos que debemos revisar."
Anabel lo llevó a la oficina de su padre, donde encontró un archivo lleno de información sobre las operaciones de la mafia. "Esto es abrumador," admitió, hojeando los papeles. "No sé si estoy lista para esto."
"Tienes que ser fuerte," dijo Giovani, apoyando una mano en su hombro. "Recuerda, no solo eres la jefa de la mafia, también eres la única que puede mantener a salvo a tu familia y a tus aliados."
Mientras revisaban los documentos, Anabel sintió que la presión aumentaba. "¿Y si no puedo hacerlo? ¿Y si me traicionan?" preguntó, sintiéndose vulnerable.
"Debes aprender a confiar en tu instinto," respondió Giovani. "Y recuerda que siempre habrá enemigos al acecho. La traición es común en este mundo."
Anabel asintió, sintiéndose un poco más empoderada. "Tienes razón. Necesito ser fuerte y astuta."
Mientras tanto, Leonardo estaba en la sombra, observando cada movimiento de Anabel y Giovani. "Si Giovani está aquí, eso significa que Anabel tiene a alguien en quien confiar," pensó, sintiendo que su plan se complicaba. "Debo actuar rápido antes de que ella se sienta demasiado segura."
Con la determinación de acercarse a Anabel, Leonardo comenzó a idear un plan para ganarse su confianza. Sabía que debía hacerle ver que era un aliado en este nuevo mundo, mientras ocultaba sus verdaderas intenciones.
Esa noche, Anabel y Giovani se sentaron a discutir los próximos pasos. "Vamos a convocar a una reunión con los líderes de la mafia," sugirió Giovani. "Necesitamos establecer tu autoridad desde el principio."
"Sí, pero tengo miedo de cómo reaccionarán," admitió Anabel, sintiendo un nudo en el estómago.
"Tú eres la jefa ahora. Debes mostrarles que eres fuerte y que no permitirás que te subestimen," dijo Giovani, con confianza.
Anabel respiró hondo, sintiendo que la responsabilidad comenzaba a asentarse en su corazón. "Está bien. Lo haré. Pero necesito que estés a mi lado."
"Siempre estaré contigo," respondió Giovani, sonriendo. "Juntos podemos enfrentar cualquier cosa."
Mientras planeaban su estrategia, Anabel sintió que, aunque el camino por delante estaba lleno de incertidumbres, tenía a alguien en quien confiar. Sin embargo, en el fondo de su mente, la sombra de Leonardo y sus intenciones ocultas persistía, y Anabel sabía que el verdadero desafío apenas comenzaba.