El bosque quedó en silencio.
Un silencio sucio, roto apenas por el viento entre las hojas y la respiración irregular de Anabel, todavía de rodillas, con Valeria muerta entre sus brazos como si soltarla fuera una traición final.
Francesco no se movió de inmediato.
Miraba la escena como si no perteneciera a su vida, como si fuera el castigo exacto que el mundo había decidido darle por cada error acumulado. Sus hombres permanecían a distancia, rígidos, sin saber dónde poner la mirada. Nadie se atr