La mañana del viernes amaneció con un aire pesado. Clara, acostumbrada ya a las rutinas tranquilas con Mateo antes de salir de casa, se sintió diferente ese día. Había algo en el ambiente, como si las paredes mismas guardaran un secreto que todavía no se revelaba.
Bajó temprano a revisar el correo del edificio. Entre facturas habituales y revistas promocionales, un sobre sin remitente llamó su atención. Era blanco, sencillo, con su nombre escrito en tinta azul, la misma caligrafía que ya había