Capítulo 188: El Salón de los Cuchillos Susurrantes
Las lágrimas de mercurio que resbalaban por las mejillas de Astraea no se sentían como agua, sino como un peso metálico que trazaba surcos gélidos en su piel. Al avanzar por el pasillo infinito hacia el Consejo de la Noche, percibía que su cuerpo ya no respondía únicamente a su voluntad. Sus piernas se movían con una elegancia depredadora que pertenecía a su herencia vampírica, pero el impulso que las guiaba era la vibración plateada que emana