Capítulo 295: La Semilla de la Profecía
El silencio que siguió a la voz del niño fue más aterrador que cualquier aullido de guerra. Astraea sentía el frío de la nieve calando en sus botas, pero su vientre ardía con una pulsación rítmica, un eco de la pequeña figura de cristal negro que los observaba con ojos de plata ancestral.
Valerius se tensó a su lado, su mano ruda apretando el hombro de Astraea con una mezcla de protección y pavor. El aroma a almizcle y bosque quemado del Alpha se volvió d