Capítulo 298: El Beso del Traidor
El lobo blanco permanecía inmóvil, una presencia espectral cuya corona de espinas goteaba una esencia plateada sobre la nieve virgen. Astraea sentía que el mundo giraba de forma violenta. Las palabras de la bestia —con la voz de su amado Valerius— golpearon su pecho con más fuerza que cualquier puñal bendecido.
—¿La llave? —repitió Astraea, con la voz rota—. Ese beso no fue un pacto con las sombras, fue una despedida. Fue el sello de nuestro **linaje**.
—Fue un