Capítulo 9 – El paseo prohibido
La mañana se había estirado como un castigo. María aún sentía la presión de la firma en su muñeca, como si la tinta hubiera atravesado la piel para marcarla en carne viva. Había intentado rebelarse, romper, llorar, pero nada había funcionado. Ahora, mientras Claire —una de las criadas jóvenes de la mansión— abría el armario y colocaba ropa sobre la cama, supo que lo siguiente tampoco sería opcional.
Ya que, luego de vestirse, él la miró de la cabeza a los pies y