El sol aún no había salido cuando María abrió los ojos.
El monitor a su lado pitaba con regularidad. Una enfermera dormitaba en una silla cerca de la puerta. Y Carlo… Carlo estaba allí, como siempre, en su silla de vigía, los codos en las rodillas, las manos cruzadas delante de los labios, observándola con una mezcla brutal de ansiedad y esperanza.
Cuando ella parpadeó por segunda vez, él se enderezó como si algo le hubiera atravesado el pecho. Pero no dijo nada.
María parpadeó de nuevo. Sus oj