La tarde era luminosa, el aire fresco entraba por la ventana de la sala mientras Emilia, Lucas y Sofía compartían café y galletas caseras. El ambiente se sentía distinto: más relajado, más esperanzador. Ya habían pasado las tormentas más duras, y ahora podían sentarse a hablar de algo que durante mucho tiempo había parecido un sueño imposible: la boda.
Lucas, con su mirada atenta, fue el primero en romper el silencio.
—Entonces… ¿Cómo imaginas nuestro matrimonio? ¿Quieres algo íntimo, sólo con