Fiorela llegó a casa entrada la noche.
No porque el día hubiese sido largo, sino porque necesitó caminar un poco más. Respirar. Dejar que la emoción se asentara en el pecho antes de cruzar esa puerta donde todo empezó. Donde siempre era hija antes que cualquier otra cosa.
La casa Thoberck estaba encendida.
No solo por las luces.
El aroma a té recién hecho y pan tibio flotaba en el aire, y el murmullo de voces familiares la recibió incluso antes de entrar por completo. Lucas estaba de pie junto