Fiorela despertó con una sensación distinta.
No era novedad compartir la cama con Santiago. Ya lo habían hecho antes, ya conocía el peso de su brazo rodeándola, la respiración profunda que siempre encontraba su ritmo antes que ella. Pero esa mañana… había algo más. Algo quieto. Algo firme.
Abrió los ojos despacio.
La luz de la mañana entraba suave por la ventana, dibujando sombras tibias sobre la habitación. Santiago dormía de lado, con el ceño relajado, una mano extendida buscándola incluso en