El día de la presentación final llegó sin avisar emociones suaves. Llegó con peso.
Con miradas expectantes, con la directiva sentada en primera fila, con profesores que ya no evaluaban solo conocimiento, sino carácter. Tres meses de trabajo se condensaban en una hora. Tres meses donde no solo se había puesto a prueba nuestra capacidad profesional, sino algo mucho más delicado: la lealtad.
Respiré hondo antes de comenzar. No miré a Anaís. No miré a Martí. Miré al frente.
—Buenos días —dije con v