8. Una bala clavada
Indra.
Puerto Escondido, Oaxaca.
Sobrevivir a un segundo secuestro de Dante Salazar no estaba en mis planes.
Dasha me limpió el vientre —aún plano—, retirando todo rastro del gel que me había aplicado para el ultrasonido.
—Buenas condiciones —dijo la mujer de cabello rojo con una enorme sonrisa.
Yo aún seguía pasmada sobre la camilla.
Esta enorme casa tenía incluso su propio cuarto de hospital.
Sofía soltó todo el aire que había estado conteniendo a mi lado y me dedicó una sonrisa aún más gran