Indra.
Procuré que los ataúdes de mis hermanas permanecieran cerrados durante la misa. Los tres cajones de madera pulida fueron bendecidos por tres sacerdotes al mismo tiempo.
La catedral en la isla había tenido que ampliarse para poder enterrar también los ataúdes de Johanna, Dasha y Sofía.
Junto a ellas estaba el de Fausto y el representativo de Enzo y mi familia.
También me tomé el momento de recrear una memoria hecha en roca para Pablo.
Pero no quería que la isla se convirtiera en un maldi