42. ¿No fui suficiente?
Fausto.
Indra desvió los ojos hacia otro lado, demasiado cohibida de pronto.
La rusa se levantó rápido de su lugar, muy seria, para luego juzgarme con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Esa mujer era sumamente alta. Incluso más que yo.
—Dasha, está bien —le dijo Indra en voz baja a la mujer, aún sin poder verme.
Yo asentí inútilmente, tragándome todo lo que quería decir en ese momento. Indra necesitaba sentirse segura sobre todas las cosas. Esa era la prioridad ahora.
Dasha rodó los ojos