23. Las cosas se van acomodando
Dante.
Escuché las cortas pero agudas risas de mi hermana, que provenían de uno de los grandes baños de la planta baja. Abrí de un portazo la puerta de madera para ver qué estaba sucediendo.
Sofía tenía guantes y estaba aplicándole algún tinte en el cabello a Indra. Ambas estaban en batas, y las dos me miraron indignadas, como si acabara de irrumpir en algo demasiado privado.
—¡Respeta mi privacidad! —chilló Sofía, apuntándome con la brocha, y luego me empujó fuera del baño, dejándome aún pasma