30. Finalmente
Indra.
La respiración se me aceleró cuando comencé a seguir a todos por la planta baja del hotel.
Las puertas de cristal de la entrada ya habían sido cerradas oficialmente.
Las cortinas de satén dorado nos resguardaron de los ojos curiosos que pudieran pasar.
Todos los pasillos inferiores estaban alfombrados en tonos oro.
Veinte personas vestidas de negro revoloteaban alrededor del círculo íntimo de Fausto.
Pero por más que miraba, no lograba divisar a mi prometido.
¿Le gustaría cómo me veía