47. No puedo evitar caer

Indra.

En la entrada del lugar, ninguno de nuestros invitados fue revisado, aun cuando yo sabía que todos debían estar armados de sobra.

Entre las luces rojas hipnóticas y las calaveras de plástico colgadas del techo —que bien podrían recordarme a un ejecutado— vi aparecer a mi mejor amiga, vestida de Gatúbela.

Las personas con las que venía ya tenían sus exclusivas mesas, y casualmente estas estaban justo arriba de la mía, en el segundo piso del cerrado lugar estilo domo.

Vladimir me dejó ir
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