17. Mi infierno tiene su nombre
Indra.
No sentía el cuerpo.
Era como si flotara, o tal vez me hundiera lentamente...
Frío.
Un frío que no dolía. Era más como un susurro que se iba comiendo todo.
Escuchaba voces. Lejanas. Borrosas.
Una mujer gritaba mi nombre... o tal vez no era mi nombre. ¿Cuál era? ¿Dónde estaba?
Todo fue tan blanco. Mantas. Tubos. Voces desconocidas.
—Presión inestable—. Dijo un hombre.
—Sigue bajando—. Respondió una suave voz de mujer como la de Dasha.
De pronto, una sombra. Alta.
Un rostro que conocía