El sonido del agua cayendo era el único testigo de la rendición de Vance. Las palabras de Anastasia habían sido un golpe certero que lo había dejado tambaleándose, incapaz de defenderse de la verdad que ella le había arrojado. Ella tenía razón. No podía con todo. No podía con la mitad de sus obligaciones, y estaba cansado de fingir que sí podía. Estaba agotado al intentar partirse en tantas partes como fuesen necesarias, dejando de pensar en él mismo.
La imagen de Anastasia, borrosa y etérea de