El aire del salón de prensa estaba vibrante con la energía de la victoria. El murmullo de los periodistas se sentía como un zumbido eléctrico, un coro de voces que gritaban preguntas, que buscaban la validación de un triunfo que ya se sentía como una realidad y que nadie podría quitarle de las manos a Vance.
El sonido de los flashes de las cámaras, un ritmo frenético de luces blancas que se encendían y se apagaban, se sentía como una sinfonía de triunfo. Vance, de pie en el podio, dio su última