Los meses que siguieron a la declinación de Vance fueron una tormenta mediática sin precedentes.
Las redes sociales se incendiaron con debates apasionados, los programas de noticias analizaban su decisión sin cesar, y las portadas de revistas clamaban por una entrevista con el hombre que había abandonado el poder más grande del mundo, pero a Vance, toda esa algarabía le parecía un ruido lejano. Había elegido, y el alivio era tan profundo que se sentía como una paz que se había ganado a pulso. S