El día de las elecciones, el mundo se detuvo.
El conteo final de los votos se sintió como una eternidad, y cuando el nombre de Nathaniel Vance fue anunciado como el próximo presidente, la mansión estalló en un caos de alegría. Los gritos de la victoria se sintieron como una sinfonía de triunfo, el sonido del champán que se abría y las risas resonaban en las paredes. Todos lo felicitaron, lo palmeaban en la espalda, lo abrazaban. Era como ganar el Super Tazón, o mejor.
Y a pesar de toda la algar