La nieve cubría el patio delantero como un manto blanco e inmaculado. Henry, envuelto en un traje de esquí, se deslizó por la pendiente en su tabla de snowboard. Anastasia, con la pequeña Agnes de la mano miró a su hijo. Estaba preocupada de que se rompiera algún hueso. Le aterraba ver a su hijo sufrir.
—¡Henry, no te lances tan fuerte! —advirtió Anastasia.
—¡Estoy bien, mamá! —respondió Henry.
—¡Aún no eres un profesional!
Pero el sonido de un grito se instaló en el lugar, haciendo que los tre