Luca Bianchi había estado observándola durante semanas. Desde que el había vuelto de su viaje de Florencia, algo en ella había cambiado: sus sonrisas eran más forzadas, sus ojos guardaban una angustia que antes no existía, y a menudo se quedaba en silencio, perdida en sus pensamientos. Sabía que Maximo tenía algo que ver con ello —conocía la reputación del hombre, sabía que era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quería, que no lo detenía nada más que la fuerza y sus propios instintos