Julliano Moretti cerró la puerta de la hacienda con un eco seco que resonó en el silencio matutino. Junto a él, Valentina ajustaba los cargadores de sus pistolas mientras los faros de la furgoneta blindada iluminaban el camino hacia la autopista. Detrás de ellos, el Nuevo Clan Moretti estaba ya en movimiento: los gemelos Martina y Matías habían tomado el vuelo hacia América dos horas antes, sus maletas llenas no de ropa, sino de herramientas que convertirían las sedes Remington en cenizas. Leon