Las luces de los coches iluminaron el camino de tierra que llevaba hasta la carretera principal. Ilein abrazó a Joana con fuerza, mientras Julliano estrechaba las manos de Victorino entre las suyas, su rostro pequeño pero serio.
—Volveremos en dos semanas, abuela —dijo Julliano, con voz clara y firme—. Prometo que traeré mis nuevos dibujos para que los veas.
Joana, la abuela de Julliano, le acarició la cabeza con ternura: "Mi amor, la finca siempre estará esperándote. Tu cuarto seguirá igual, c