El dolor llegó como una ola, arrasando con todo a su paso. Damien se dobló sobre sí mismo, apretando los dientes para no gritar mientras las venas de su cuello se marcaban como cuerdas tensadas al límite. La marca en su pecho —aquella que debería simbolizar poder y conexión— ardía como si le estuvieran aplicando hierro al rojo vivo sobre la piel.
Brianna corrió hacia él, pero Damien levantó una mano temblorosa para detenerla.
—No te acerques —gruñó, con la voz ronca y los ojos inyectados en san