La noche había caído sobre el territorio de los Blackthorn como un manto de terciopelo azul salpicado de estrellas. El bosque, antes testigo de sangre y batallas, respiraba ahora con una calma que parecía imposible después de tanta tormenta. La manada dormía, pero sus Alfas permanecían despiertos, como si quisieran atesorar cada segundo de esta nueva realidad que habían construido juntos.
Brianna contemplaba el cielo desde el balcón de la habitación principal. Su cuerpo, aún marcado por la bata