La luz tenue del amanecer se colaba por las cortinas de su apartamento, proyectando sombras difusas sobre las paredes desgastadas. Emilia estaba sentada en su cama, sosteniendo una foto de Ana entre sus dedos temblorosos.
La noche anterior aún se repetía en su cabeza, por suerte su entrada y salida del almacén no les llevó más de cinco minutos aunque en ese momento pareció que duró toda la noche. Hicieron el retorno en silencio, uno tenso y calculado. Cuando se bajaron del taxi y regresaron a l