La cafetería en Rosewood District era un refugio modesto, cálido y perfumado con el aroma de café recién molido. El lugar estaba decorado con tonos tierra y madera desgastada, creando un ambiente acogedor que contrastaba con el peso que Emilia sentía en su pecho. Había elegido un rincón junto a una ventana que ofrecía una vista parcial de la calle. Allí, el sol de media mañana se colaba a través del vidrio, iluminando su rostro con un resplandor tenue.
Gabriel llegó puntual, vistiendo su acostu