El vaso se estrelló contra la pared, haciendo añicos el silencio de la suite. Valentín respiraba agitado, con el pecho subiendo y bajando violentamente.
Sus manos temblaban mientras agarraba el celular.
Marcó a Alma.
Una vez, dos y hasta cinco veces. Nada.
—Contesta, maldita sea… —susurró con voz ronca, casi como un ruego.
Ella no respondía.
Un sudor frío le resbalaba por la sien.
Caminó como un animal enjaulado por la habitación, luego fue al armario y sacó una pistola, un rifle automático y un