—Quiero comprar unas joyas pequeñas para esa noche —dijo Alma un poco después, mirando el reloj—. Nada aparatoso, solo un par de pendientes que recuerden la forma del agua y quizá un alfiler que se entienda con el broche de Arturo.
—Voy contigo —respondió Valentín al instante.
—No —dijo ella con suavidad—. Ve a pasear al pequeño capitán, que hoy también es su día, y déjame jugar a ser invisible. Enzo me lleva, dos hombres detrás, dos adelante. Hoy seré otra mujer.
Valentín la miró en silencio,