Los medios estallaron.
En la celda de espera, Valentín Moretti observaba el televisor pequeño empotrado en la esquina del techo. Su rostro, habitualmente estoico, esbozó una sonrisa apenas perceptible cuando vio la imagen del fiscal esposado.
Los justicieros no se escapan de la justicia del pueblo —murmuró para sí mismo, antes de recostarse contra la pared con los ojos cerrados, disfrutando del eco mediático alrededor de su caso.
Mientras tanto, Andreas, en la mansión Coral Gables, soltó una ca